Una silenciosa crisis ecológica se desarrolla en las costas del norte de Chile. Lo que para muchos consumidores aparece en los mercados bajo el nombre de “tollo” o “albacorilla”, en realidad corresponde a tiburones costeros que hoy se encuentran en peligro crítico de extinción.
Así lo advierten los doctores Carlos Bustamante Díaz y Carolina Vargas-Caro, académicos de la Facultad de Ciencias del Mar y Recursos Biológicos de la Universidad de Antofagasta, quienes desde el Laboratorio de Biología Pesquera del Instituto de Ciencias Naturales Alexander von Humboldt investigan el estado de las poblaciones de tiburones costeros en el país.
El fenómeno es especialmente visible en caletas del norte como las de la ciudad de Antofagasta, donde el “tollo” es vendido como un pescado económico y de consumo cotidiano. Sin embargo, detrás de ese nombre comercial se esconden especies de tiburones cuya situación es crítica, por lo que urge la necesidad de fortalecer la regulación y la gestión pesquera en el país.
Según explica Vargas-Caro, la captura masiva de juveniles representa una de las mayores amenazas para la supervivencia de estas especies. “Cuando el 80 % de los ejemplares que llegan al mercado son individuos inmaduros, estamos frente a una señal muy clara de sobreexplotación. Son animales demasiado jóvenes que nunca tuvieron la oportunidad de reproducirse”, señala la investigadora.
Especies en peligro
Las especies más afectadas corresponden al tollo común (Mustelus whitneyi), tollo fino (Mustelus mento), tollo manchado (Triakis maculata) y el cazón (Galeorhinus galeus). Todas ellas han sido clasificadas en Peligro Crítico de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), organismo que elabora la Lista Roja de especies amenazadas a nivel mundial.
Para los investigadores, uno de los principales problemas es la falta de una regulación específica que permita proteger a estos animales. A diferencia de otras pesquerías importantes del país, como el jurel o la merluza, los tiburones costeros comercializados como “tollos” no cuentan con cuotas de captura ni con tallas mínimas obligatorias, lo que facilita su extracción indiscriminada.
“El problema no es la pesca en sí misma, sino la ausencia de herramientas de gestión que permitan hacerla sostenible”, explica el Dr. Bustamante, quien además se desempeña como director regional del Grupo de Especialistas en Tiburones de la UICN.
El investigador advierte que actualmente estas especies se capturan en lo que técnicamente se conoce como “pesca olímpica”, es decir, una actividad sin límites claros de extracción ni planes de manejo específicos.
Las cifras disponibles reflejan una tendencia preocupante. Mientras en 2014 se registraban desembarques cercanos a las 243 toneladas de tollos en Chile, en 2024 la cifra cayó a solo 26 toneladas. Para los científicos, esta disminución no representa necesariamente un alivio para las poblaciones, sino más bien una señal de agotamiento del recurso.
“Cuando una pesquería muestra caídas tan drásticas en sus desembarques, muchas veces significa que las poblaciones están colapsando”, advierte Bustamante. De mantenerse la actual presión de pesca y sin mejoras en la gestión, los modelos científicos proyectan que en las próximas décadas estas especies podrían alcanzar niveles poblacionales cercanos a su desaparición.
La situación resulta especialmente preocupante considerando el rol ecológico que cumplen los tiburones en los ecosistemas marinos. Como depredadores tope, estos animales ayudan a mantener el equilibrio de las cadenas alimentarias. Su desaparición puede desencadenar efectos en cascada que afectan a múltiples especies.
Los científicos de la UA explican que la ausencia de tiburones puede provocar aumentos descontrolados de algunas poblaciones marinas. “Los tiburones cumplen un papel similar al de los grandes depredadores terrestres. Regulan las poblaciones de otras especies y ayudan a mantener la estabilidad del ecosistema”, señalan.
En el caso de los tollos costeros, su dieta incluye crustáceos y moluscos, por lo que su desaparición podría alterar la dinámica de estos organismos y afectar indirectamente a otras pesquerías artesanales.
Captura sin registro
Otro factor que agrava el problema es la falta de trazabilidad en los desembarques. En Chile, las capturas suelen registrarse bajo la categoría genérica de “tollos”, sin distinguir entre las distintas especies existentes. Esto dificulta la generación de información científica precisa y limita la capacidad del Estado para implementar medidas de manejo.
“Cuando no sabemos exactamente qué especies se están capturando ni en qué cantidades, es muy difícil diseñar políticas de conservación efectivas”, explica la Dra. Vargas-Caro.
Mitigación
Frente a este escenario, los investigadores de la Universidad de Antofagasta han desarrollado diversas iniciativas de investigación, educación y vinculación con pescadores artesanales. Entre ellas destaca el Programa de Conservación de Tiburones, que busca promover el conocimiento sobre estas especies y fomentar prácticas de pesca más sostenibles.
La estrategia también incluye el trabajo directo con comunidades costeras, donde los científicos impulsan códigos de conducta voluntarios para reducir la captura de ejemplares juveniles y explorar nuevas tecnologías de pesca que permitan liberar a los animales con mayores probabilidades de supervivencia.
Para los investigadores, la clave está en generar conciencia tanto en las autoridades como en los consumidores. “El tollo es un tiburón invisible. Muchas personas lo consumen sin saber realmente qué especie están comiendo”, afirma la Dra. Vargas-Caro.
En ese sentido, el Dr. Bustamante subraya que el objetivo no es prohibir la pesca, sino avanzar hacia un modelo sostenible. “Hay comunidades que dependen de estos recursos, pero ningún recurso natural es infinito. Necesitamos regulaciones que permitan asegurar su conservación y, al mismo tiempo, el sustento de las personas que viven del mar”, concluye.
Mientras tanto, los científicos advierten que el tiempo para actuar se reduce. Si no se implementan medidas de gestión efectivas y basadas en evidencia científica, los tiburones costeros del norte de Chile podrían desaparecer silenciosamente de los océano y de los mercados donde hoy todavía se venden como un simple “tollo”.